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Algunas Fotos




Me siento frente a la computadora y no hago nada, miro caer las fotos del salvapantallas… 

Como hipnotizado, atento pero sin pensar en nada específico, a veces digo para mí:

 

“La ventana, de la señora de Sostres”, 


 

“Bastiane, el vecino del piso 13”,


 

“el quiosquero”,


 

“el mozo de la San Marcos”,


 

“Los elegantes, él siempre arreglado y su perrito ¡tan petitero…!"


 

“Martín".

 
 

Saco fotos a lo que está delante y me llama la atención de alguna manera. 
No importa si son buenas fotos. Y me gusta mostrarlas como quien codea a un amigo y dice despacito: ¡mirá!
Vuelvo a ellas buscando descubrir algo que está ahí, que veo pero no soy consciente de qué es. 
Todas las fotos espontáneas me provocan eso, la sensación de que hay algo más, no dicho pero mostrado.
Porque no es la foto. Es lo que la foto deja sin ser dicho.

¿El dedo que señala la luna?

Nunca supe 
cuál fue la última vez 
que me acosté bajo el sauce. 
Un día cortaron la rama 
bajo la que colgaba mi hamaca. 

El camino está señalado

Y luego, llega esta otra foto, como de otro universo,

paralelo, cercano, íntimo y...

y no.

Este llavero, esa llave

eran de este señor

que se llamaba Manusé

Un rato después de almorzar sacaba una silla de su casa y se sentaba al fresco en la calle,

como disfrutando de estar solo en un pueblito desaparecido de siesta.

Esas llaves que mostré eran de la puerta de atrás de su casa, la puerta a la playa a la que él jamás iba.

Su vida, hasta que pudo retirarse, había sido el mar. Y no quería más.

Y, en cuanto pudo, se mudó al pueblo grande, en una casa sobre el morro,

lo más lejos del mar posible, con sombra y aire fresco.

Ahí murió y sus hijos me vendieron a mí su casa y me dieron su flaco llavero,

un ET y la Biblia. Manusé era creénte, claro, como todos en su pueblito.

Es una playa de pescadores Azorianos al norte de Florianópolis, Araçá

Calor, calma, los días se repiten

en la eternidad de una siesta...

Yyo sigo

mirando

fotos que caen

de suerte y no,

como esta otra

que de inmediato me conmueve

¡Esa puerta!
A veces tienen eso, las fotos,
se ve
lo que es
sin palabras que lo digan y
así
escucho el griterío como de
gorriones en primavera,
me asomo por la puerta y
los veo:

¿Hubi sunt?
¡Dónde!

¡Tan claro!


 


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