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Misteriosa vida, sentado aquí


José M. Galán

 

 

Depaseo

 

 

Misteriosa vida. Sentado aquí la fácil alegría. Si fuera otro ¿quién miraría detrás del espejo? Unos años atrás esto era pura maravilla y no saber, y descubrimientos y potencia. Años atrás, claro. No tengo una meta, sólo he escrito cartas. Termino de leer mis notas y quedo decepcionado. ¿Cuáles los límites del tablero? Hace falta definir primero el juego. Hay 'éxitos' del mismo modo en que hay 'historias'. Olvidados de que el juego está diseñado: número fijo de casilleros. No sería lo mismo en una novela sin comienzo ni fin.

Sólo he escrito cartas. Sí.

Lo mismo que en el mar. Así también ocurrirá conmigo y mi estela, haga lo que haga. Entonces, a qué las preocupaciones por cosas mundanas. Quizá para no ver lo perenne. Lucha, desgaste, muerte y olvido.

De noche bajo el sauce parece muy sola mi hamaca. Todos duermen, todo duerme. Enciendo una lámpara. Mi escritorio. Sobre un papel a un costado, una serie de anotaciones tratando de dar con una intuición que siempre escapa. La inteligencia como un atajo. Pero para ahondar el desastre. No todos podemos jugar al mismo juego.

Amanecer de la mañana del lunes. Todos duermen, mi corazón o 'no sé qué', se sacude como las ramas del sauce y sería bueno que me vaya a la cama. Pero no es así, quizá la noche sea un atajo real; depende de lo tarde que sea para algo que no sé siquiera qué es.

Suenan las campanas de San Román, unos mendigos encienden un fuego en el solar de enfrente, comienza el día también para ellos.

Y todo esto
esto en que estamos inmersos
           es lo que es
con respecto a una meta desde antes establecida, fabricada.

A la intemperie, al contrario que en un juego de ajedrez, no hay un fin, no hay reglas, las fichas no mantienen su valor; nada mantiene un sentido. Los hay momentáneos, párrafos en una novela sin comienzo ni fin.

Quizá simplemente me he equivocado, quizá he intentado construir sobre arena con más arena. Una abeja cuando olvida qué es, vuela y pierde el camino al panal. En todo caso mi ir a la deriva ha dejado una estela, o al menos lo he intentado, aunque sabemos qué ocurre con la estela en el agua.

Pero no por qué.

 



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