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Vamos a ver
dij
o un ciego


José M. Galán

Depaseo

Belgrano, un nombre más, como de un tío viejo sobre el que se dicen cantidad de mentiras y exageraciones; deberes para con el familiar muerto.

De un parlante destartalado la alemana gargajea unas canciones que ni sé por qué me gustan, Marlén. Buenos Aires, gris invierno, sol, ¡tan agradable el sol de invierno!

Por la ventanilla del micro veía pasar la tierra soleada, sombras inclinadas, vacas cabizbajas pastoreando la misma idea, una y otra vez, masticando el pasto por todos compartido.

Borges escapó de su esposa cuando supo que no sería capaz de esperar a que la muerte los separe. Esta noche cenamos en el barco de Luis y Lea, Lex Lutor, Lina Lena, Lana Luna, Lars Larsen, piloto de los mares de Weddel, como la foca, también de Weddel. O Wedell.

"No tengo pincha en la cara, no soy grande todavía", aclara Nicasio a Elena, y protesta porque le cortan las uñas y lo distraen con preguntas improcedentes que desvían su atención del atropello.

Necesito de una afeitada, veo mal, cada vez peor, como desenfocado, y escucho poco, sólo lo que quiero... Tantos caracteres, tantos centavos, ahora podemos pesar vuestras ideas, caballeros, lo cual es un Inmarsat C. En cuanto a proposiciones deshonestas, yo tengo una: ¿por qué no se meten la antenae en el culo?

Bien dicho, si podemos complicarlo, para qué dejarlo así, Marlén. En mi casa no hay una triste pinza de depilar, pero yo tengo un cortaplumas suizo, cebame otro mate, ¿querés? Cada vez más seguro de mí inestabilidad, esa independencia que viene de intuir que todo es inútil. Caprichos. Un antojo que se nos viene encima, anónimo violín de conjunto de cuerdas rentado para grabación ecuestre, como caminaba el vasco Julio Villar por los Pirineos, ¡quién pudiera!

"Está sucia la mantita", me aclara Nicasio, y se desprende de su más preciada pertenencia.

Gauchos malos, cagados en las patas, cinchan potros a medias domados, no hay otra cosa, tantos dientes faltan en tan cortas sonrisas, mandíbulas que se mueven de costado buscando triturar carne dura, recontra-asada.

Señoras de ojos puros que llevan una mano a cubrir la boca cuando sonríen.

Recuerdos de la galleta masticada a la sombra de un eucalipto mudo, siempre él. Volvía todos los veranos a controlar el estado de las marcas que alguna vez le hiciera arrojando un cuchillo, Tarzán de juguete, ¡cuanto más creativo que fue tu resultado en patios de atrás de casas pobres en pueblos olvidados de países que jamás lograrían siquiera un puesto en semifinales de torneos de ikebana!, Edgar Rice Burroughs, todos fuimos tu Tarzán

"In then kasernen...", canta Marlén, una guitarra rasgada por ahí detrás me lleva a pensar en quien la pulsea, sentado sobre su vida, esposa o no, hogar o no, compartí tanto con él simplemente por ser de la misma especie animal y alguna vez mirar por la ventanilla, cosa agradable si las hay.

Mi hijo juega con sus viejos juguetes recobrados, gitanito vuelto al hogar, todo devenido novedad.

“¿Vamos a jugar, Patini?”, y terminan mis notas.


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