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Entrevista a Bela Tarr

 

Artículo Original de Carlos Jordán. Extraído de Milenio


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Antes de comenzar la entrevista, pide unos minutos para fumar. Se nota que es un hombre temperamental, quizá de los pocos realizadores que desconoce el significado de la palabra concesión. Su forma de filmar no obedecía a otro criterio que el suyo, y digo obedecía porque ha declarado que se retira de la dirección “para no repetirse”. Para muchos, entre ellos Gus Van Sant, Tarr es uno de los mayores genios vivos dentro del cine.

“¿Por qué quiere hablar conmigo si mis películas son largas y aburridas?”, pregunta antes de comenzar esta charla. El pretexto: El caballo de Turín, su último filme, adaptación libre de una anécdota de Nietzsche relacionada con un viejo caballo al que su dueño maltrataba, y forma parte de la 53 Muestra Internacional de Cine, que arrancó esta semana, para estrenarse más tarde en el circuito comercial.

¿Por qué decide retirarse de la dirección?

En realidad es algo que decidí desde 2007. Ya sabía que después de El caballo de Turín no querría hacer nada, con esta cinta cierro el círculo después de 34 años de carrera. Es como estar al final del camino. No hay razón alguna para hacer repeticiones de mi trabajo ni de mi estilo. Ya todo está dicho.

Cuesta creer que alguien que durante toda su carrera se dedicó a experimentar ya no tenga nada que añadir a su obra.

No estoy de acuerdo, lo que sucede es que ya lo dije todo. No me retiraré en absoluto, aún soy un guerrero del cine; simplemente no volveré a tocar la cámara.

¿Qué tipo de relación tendrá a partir de ahora con el cine?

Me gustaría producir, impulsar a cineastas que no tienen ninguna oportunidad pese a tener talento. Siempre he pensado que un buen productor es como un paraguas, así que seguramente iré por ese lado. Ahora me interesa más entrar en una faceta de enseñanza.

Su última cinta, El caballo de Turín, no es la más optimista de sus obras…

Han dicho que es apocalíptica pero no estoy de acuerdo. El Apocalipsis no es más que un show televisivo, los jinetes, el fuego, etcétera. Lo que quise fue mostrar una visión muy simple y pura de la vida. Nuestra vida se construye día a día y, pese a la rutina, siempre es distinta; conforme pasa el tiempo nos vamos haciendo más débiles hasta desaparecer. No tiene que ver con una posición fatalista, es algo irremediable y que se presenta de una manera lenta y silenciosa.

¿Por qué estructuró la película en seis días?

Dios creó el mundo en seis días y lo que hicimos fue realizar un proceso inverso, de anticreación. Como sabes, Dios primero creó la luz y luego la oscuridad; eso fue lo que nosotros hicimos. Al final es una obra sobre el paso de la vida.

¿Qué lo llevó a hacer de manera artificial todo el diseño sonoro?

No pudimos hacer sonido directo porque había mucha gente trabajando. Por otro lado, la creación de sonidos me gusta porque es otra forma de crear y agregar cosas nuevas.

Para usted el tiempo nunca ha sido una limitante. Lo mismo hace Satantango, que dura más de 400 minutos, que cortometrajes. ¿Cómo lo trabaja al abordar una película?

Lo más común en el cine es que los directores se adelanten todo el tiempo. La lógica es muy sencilla: información, corte y así sucesivamente. Pero para nosotros es muy importante mostrar una especie de totalidad y para conseguirlo tienes que involucrar al tiempo, al paisaje y la naturaleza, y a la vez demostrar que todo está relacionado. Es lo que a nosotros nos funciona. En realidad, la duración y el lenguaje de una historia lo marca la misma película. Cada una plantea nuevas preguntas y encuentra diferentes respuestas; esta es la mejor manera de encontrar un estilo.

¿Qué lo llevó a hacer Satantango, tal vez una de las obras más ambiciosas de la historia del cine?

Me enamoré de la novela en 1985, inmediatamente después de leerla. Es magnífica. Si bien nos tomó cinco años encontrar la manera de filmarla, desde el principio la imaginé como una película larga y similar a un gran fresco de pintura. Primero tuve la idea de que durara seis horas pero al final se extendió un poco más. Hay quien piensa que sería complicado hacer una obra de esas dimensiones, pero yo no lo veo así. Para mí es como hacer cinco películas pero metidas en una sola historia.

Quizás usted es de los directores que más trabaja el plano secuencia, movimiento de cámara en vías de extinción.

No sé si está en extinción, cada director es diferente. A mí me funciona porque creo que la vida es como un gran plano secuencia. Sin embargo, más allá del movimiento de cámara, lo más importante para un director es tener una narrativa identificable. Es un halago cuando basta con ver un cuadro para que la gente identifique quién es su autor.

Fassbinder es un director con el que usted tiene semejanzas. ¿Está de acuerdo?

Sin duda sus películas me gustan, es bueno verlo pero imposible seguirlo. Me influyó su valentía para atreverse a hacer muchas cosas, esa es su principal enseñanza.

Participa en una organización llamada Cinema Foundation.

Es una organización que intenta defender a directores que viven situaciones de mierda como el iraní Jafar Panahi. Si alguien me pide ayuda para protegerlo por supuesto que lo haré. No es un proyecto grande, simplemente se trata de escribir o tomar posiciones públicas.

El caballo de Turín suena para el Oscar; ¿le interesa?

¿Estás bromeando? Eso es sólo showbussines, y yo aún creo que el cine no es parte de la industria del espectáculo sino que es el séptimo arte.


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