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Wolfsbohne

Paul Celan

 


 

Wolfsbohne

...Oh

flores de Alemania, oh mi corazón girando
hacia los cristales infalibles, en los que
la luz se prueba, cuando...
Alemania
Hölderlin, "Desde el abismo..."
...así como en las casas de los judíos (como se rememoran las ruinas de
Jerusalén) siempre debe quedar algo inacabado...
Jean Paul Das Kampaner Tal
Coloca el cerrojo: Hay
rosas en la casa.
Hay
siete rosas en la casa.
Hay
el candelabro de siete velas en la casa.
Nuestro
hijo
lo sabe y duerme.
(Lejos, en Michailowka, en
Ucrania, donde
asesinaron a mi padre y a mi madre: ¿qué
florecía allí? ¿Qué
florece allí? ¿Qué
flor, Madre,
te lastimó allí
con su nombre?
A ti, Madre,
que decías Wolfsbohne, y no
lupino.
Ayer
uno de ellos volvió y
te mató
otra vez
en mi poema.
Madre.
Madre, ¿de quién era
la mano que apreté
cuando con tus palabras
fui a Alemania?
En Aussig, siempre dijiste, en
Aussig, sobre
el Elba,
en vuelo. Madre, allí vivían
los asesinos.
Madre, he
escrito cartas,
Madre, no llegó una respuesta.
Madre, una repuesta sí llegó.
Madre, he
escrito cartas a-
Madre, ellos escriben poemas.
Madre, ellos no podrían escribir
el poema que
escribí yo, por amor a ti, por
amor a
tu
Dios.
Alabado sea, dijiste,
lo Eterno y
cantaste, tres veces
Amén.
Madre, ellos callan.
Madre, ellos permiten
que la vileza me calumnie.
Madre, nadie
interrumpe cuando los asesinos hablan.
Madre, ellos escriben poemas,
Oh
madre, ¡cuántos campos extraños dan tus frutos!
¡los mantienen y los nutren
los que allí matan!
Madre, yo
estoy perdido.
Madre, nosotros
estamos perdidos.
Madre, mi hijo
se te parece.)
Coloca el cerrojo: hay
rosas en la casa.
Hay siete rosas en la casa.
Hay
el candelabro de siete velas en la casa.
Nuestro hijo
lo sabe y duerme.

Paul Celán

21 de octubre de 1959

Wolfsbohne: lupinos; wolf: lobo; bohne: judías, habichuelas, planta conocida en español como altramuz, en la actualidad "lupino" de lobo, crece en terrenos baldíos y el fruto se utiliza como abono.

 

 


el poema de nadie

POR OSCAR DEL BARCO


En el Discurso de Bremen Celán dice que "los poemas están en camino: se dirigen a algo. ¿Hacía qué? Hacia algún lugar abierto que invocar, que ocupar, hacia un tú invocable, hacia una realidad que invocar". Habla de sus poemas: por sobre toda controversia respecto al posible sentido del poema, de la poesía, está la capa de tierra de dolor, del surgimiento, y, más allá, del otro que lo recoge y lo concluye, el tú. Sin el que lo alza, "en la playa del corazón" según sus palabras, no existiría lo que llamamos poema, el cual se dirige, por una parte, hacia lo "abierto" que llamamos poema, el cual se dirige, por una parte, hacia lo "abierto" que se homologa al tú, y, por la otra, hacia una "realidad" invocable. Si todo poema posee de manera incuestionable una estética, implícita en lo más propio de su experiencia, de su habla, la de Celán es una estética del dolor y de la redención. Alejado de todo juego, aun reconociendo, más hondamente, que todo lenguaje poético implica un momento de juego, de arbitrio y azar, un juego siempre inédito producto de una suerte de abreacción que irrumpe en la lengua dislocándola, llevándola al sinsentido del origen para luego rearmarla, paradójicamente, como donación, Celán se somete al dolor, y lo que así llega a la playa del tú es un mensaje (su metáfora de Bremen es la botella que el náufrago arroja al mar con un mensaje), pero el mensaje no es algo ajeno a las palabras y dicho por las palabras, el mensaje es las palabras despojadas de función representativa, palabras rotas, cortadas, invertidas, puros sonidos sonando en la intemperie del ser, como ser, y no obstante siempre con la presencia, o milagro de la presencia ellas mismas presencia última de revelación del ser. El ser las dona, nacientes, y las recoge y las brinda, sin más que eso. Pero ¿el ser? También "ser" es una palabra; podríamos decir, como Celán, la realidad invocable, o no decir nada, sólo advertir que eso llega (sin término), que eso surge sin razón, sin causa, y que a esa no-causa y no-razón la podemos llamar, porque no podemos dejar de intentar el nombre, ser, o lo que uno quiera, pero lo innegable es que allí hay algo, que eso viene, ilumina, dice, y que la prueba de ese decir es el poema, no lo que el poema dice, porque en realidad no dice nada, sino que el poema en cuanto es dice, sacado de la charla cotidiana y elevado a ofrenda, a himno. Digo que en todo poema hay una estética y es un exceso, más bien tendría que decir que hay ese algo que se hace en Celán, que Celán gesta a costa de su vida y su muerte, el poema, pues la estética, ni implícita ni explícita, sino siendo, es el poema. Una estética, el poema, alejada de toda clausura esteticista, que se fascina en el brillo de la lengua como belleza, pura en su carga de tragedia, asumida como de todos. Por eso pudo decir de uno de sus poemas más difíciles: "absolutamente no-hermético"; quiso decir algo así como esto se alza de la tierra y es lo que es. Con la Shoa sobre su alma, ¿cómo su poesía no iba a ir a la extrema punta del dolor de la víctimas? Allí, en el exterminio, en la desmesura del sacrificio, lo que habla es el dolor que asciende a lo libre, recogiéndose y proyectándose, clamando por una redención que sólo puede ser humana, que sólo compete a los hombres, en el poema, aquí el de Celán, y Celán es el nombre efímero y también eterno del dolor que accede al habla-del-canto y nos cubre a todos con su voz que no dice nada, nada de cosas o dice nada, y sí dice todo, una única palabra que salva, redimiéndolo, a ese tú que en la playa del espíritu recoge el mensaje sin mensaje del poema, que es él mismo, el "lector" conmovido y transustanciado, dándole al poema la corona de su aceptación y de su fin.


Caminos de una voz

 
El más grande, junto con Nelly Sachs, de los poetas trágicos de lengua alemana contemporánea, Paul Celán, anagrama de Paul Anczel desde que lo adoptó como seudónimo en 1947, nació el 23 de noviembre de 1920 en Chernowitz, Bucovina, región que desde poco antes del nacimiento del poeta fue ocupada por los rusos y en 1941 por los alemanes. Los judíos fueron confinados en un ghetto. Sus padres fueron asesinados en un campo de concentración, pero él logró escapar. En 1943 la ciudad pasó nuevamente a poder de las tropas rusas. En 1945 Celán se estableció en Bucarest como traductor y lector de una editorial. En 1947 se trasladó a Viena y en 1948 a París, donde vivió hasta su suicidio en 1970. En Francia trabó relaciones, entre otros, con Bonnefoy, Blanchot, Jabs, Lvinas, que le brindaron su amistad y un reconocimiento profundo. Fue también reconocido y querido por Nelly Sachs, la otra gran poeta del exilio y del dolor. Con el paso del tiempo su poesía fue haciéndose cada vez más densa y difícil, aunque él insistía en que no era un poeta hermético, sino que sus poemas eran "caminos de una voz hacia un tú receptivo", eran un "diálogo desesperado" y "una especie de camino a casa". La dificultad de su lectura no radica en su presunto hermetismo sino en la desestructuración del lenguaje. Es como si en Celán se creara un nuevo lenguaje, apto para brindar con la menor cantidad de recursos expresivos la mayor intensidad espiritual; en su caso, de un dolor al que nada logró calmar. El poema va como disolviéndose en las palabras, cada vez más reducidas, más ambigüas, más descompuestas y rearmadas para hacer del poema algo sin referencias, aunque el mismo, por otra parte, está cargado al máximo de "experiencia" poética. En esta perspectiva tiene importancia señalar la utilización que Celán hace del surrealismo, no como mero juego verbal sino como destrucción del imaginario cotidiano a los efectos de permitir el sucso inédito del poema que estalla en el sinsentido para encontrar, paradojalmente, en él un nuevo sentido, o un más-de-sentido, que, en apariencia, por lo inusitado, puede parecer puramente cerrado y oscuro.

El poema que aquí publicamos pertenecía a la serie de La rosa de nadie. Celán conservó su copia dactilografiada, con lo cual, de alguna manera, reconoció, según Michael Hamburger, el valor de un poema que permaneció inédito porque "exponía la herida de la muerte de sus padres en un campo de concentración". El poema fue publicado, con autorización del hijo de Celán, en The Times literary supplement el 16 de mayo de 1997. La presente traducción fue realizada por Anamaría Ashwell y revisada por Diego Tatián. Libros de Paul Celán que están traducidos al español son: Amapola y Memoria y De umbral en umbral, editorial poesía Hiperión, traducción de Jesús Munárriz; Cambio de aliento, editorial Cátedra, traducció de Felipo Boso; Hebras de sol, editorial Visor, traducción de Ela María Fernández-Palacios y Jaime Siles; La rosa de nadie y Rejas de lenguaje, editorial Sexifirmo, traducción de Elvira-Hernández. Existen además: Antología poética Paul Celán, editorial Universidad Autónoma de México, traducción Patricia Gola; Muerte en fuga y otros poemas, editorial Ultimo Reino, traducción de Rogelio Bazán y algunas otras traducciones y notas en diversas publicaciones iberoamericanas.
 
 
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