Indice

Hormigas


Tania Hernández

 

Historias de la creación del mundo


I.

Después del banquete, la indigestión. Quiso compartirla.

 

II.

Empezó como geómetra en sus ratos libres. Octágonos que juzgó siempre

inofensivos. Doscientos años después, casi por destino fatal, descubrió

el cálculo y entonces su afición, de por sí enfermiza, lo llevó a

extremos increíbles de hambre y sueño. En quice días recorrió el camino

de las diferenciales y las transformadas, los logaritmos,

exponenciales, series infinitas, expasiones polinómicas y demás, de

arriba a abajo, sin tregua. Luego de dormir treinta y cuatro horas

seguidas despertó lúcido y molido. El cuello le rechinó al volver la

cabeza. Entonces decidió vengarse.

 

III.

Demiurgo bostezó dos veces: una el cielo, otra el mar.

 

IV.

Fanática religiosa, vestida de azul. No quiso creer en mí. Cría cuervos,

Demiurgo.

 

V.

Éste apareció, el otro germinó, el de más allá sedimentó, aquél

condensó; luego todos estuviero de acuerdo en que era necesario

estandarizar, por eso todos nacimos.

 

VI.

Otra vez. Trató de averiguar cuántas lenguas hay del oriente al

poniente, y como siempre se le olvida que la cintura de las mujeres

suele ser circular, acabó primero con la saliva propia y después con la

paciencia de la chica.

Meditó largamente sobre el caso y así fue como inventó el tiempo.

 

VII.

Sintió una ternura infinita y supo que sólo podría manifestarla

dividiéndola infinitamente. Hormigas.

 

 

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