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Cuatro títulos


Czeslaw Milosz

 

85 años

 

Este es mi aniversario, las flores, los aplausos, los brindis. Si supieran en lo que estoy pensando... Es como un frío balanceo de beneficios y pérdidas. Las pérdidas son las palabras falsas que salieron de debajo de mi pluma y ya no pueden retroceder, porque se imprimieron y quedarán para siempre, pero para la gente ellas serán más atrayentes y se repetirán más veces. Entonces me pregunto si tiene que ser así, que para escribir un número de cosas realmente buenas hay que pagar, no solamente con la distorsión de una vida como la mía, sino también con los desechos sobre el camino que lleva a unos pocos signos perfectamente puros.

 

Enamorarse

Enamorarse, Tomber amoureux. To fall in love. ¿Esto ocurre repentina o paulatinamente? Si paulatinamente -¿dónde está este ``ahora''? Ya estaba enamorado de un mono de trapo. De una ardilla hecha de madera. De un atlas botánico. De un oriol. De una comadreja. De una marta en una estampa. Del bosque a la derecha del camino que lleva a Jaszuny. De un poema de algún poeta. De seres humanos cuyos nombres hasta hoy me emocionan. Y siempre el objeto de mi afecto se encubría de fantasía erótica, se sometía, como en la obra de Stendhal, a la ``cristalización''; uno puede asustarse pensando en la diferencia entre el objeto, desnudo entre cosas desnudas, y las leyendas que uno se contaba sobre él. Sí, a menudo estaba enamorado de algo o de alguien. Pero enamorarse no equivale a ser capaz de amar. Son cosas distintas.

 

Piedad

En la novena década de mi vida, el sentimiento que crece en mí y me llena, es la piedad, con la cual no sé qué hacer. La multitud, la cantidad enorme de rostros, figuras, destinos de seres individuales y la manera de identificarse con ellos desde su interior, y al mismo tiempo la conciencia de que ya no voy a encontrar manera de ofrecerles casa en mis poemas, porque ya es demasiado tarde. Pienso también que si empezara de nuevo cada verso mío sería un retrato o una biografía de una persona concreta o, más bien, sería una lamentación sobre su destino.

 

Traducción: Joanna Karasek

 

 

Estudio de la soledad

 

¿Guardián de los conductos de larga distancia en el desierto?

¿Guarnición unipersonal de la fortaleza de arena?

Quienquiera que fuese. Veía al amanecer las montañas plegadas

Color ceniza, encima de la noche que se derretía

Saturándose de violeta, cobrando el colorete líquido,

Hasta que se levantaban, enormes, en la luz naranja.

Día tras día. Y ni se dio cuenta, año tras año.

¿Para quién, pensaba, este esplendor? ¿Para mí solo?

Y seguirá durando, sin embargo, cuando yo perezca.

¿Qué es esto en el ojo de la lagartija? ¿Qué ve el ave de paso?

Si es que yo soy la humanidad, ¿ella sin mí es ella misma?

Y sabía que era inútil llamar porque nadie de ellos lo salvará.

 

Traducción: Jan Zych

 

 

 

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