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St. Anthony,

Newfoundland

Philip Reese


 

 


The way the cold makes you feel alive
when walking on the snow,
hands tight on pockets
watching every step.

The ice covers the harbor from november
to june.

I walk by the fish market that's been closed for years now
and sit on the abandoned wharf
while the sun stays.

Fishermen keep going
all summer.

And they come back at dawn,
led by the small light on the
white tower.

There's also an all-white
orphanage.

Sooner o later every kid there
looks through the window and wonders
about his
father.

 



John, as most of them,
plans on buying a boat
-a little one- he says,
as if diminishing his yearning
brings it closer.

In his eyes there's a sparkle we
all know very well.

Not far from here Leif Eriksson landed,
five hundred years before Columbus did.

The fathers of
these children on the windows
come easily to mind.

Cold hardens,
so I go to the
Lightkeeper's.

After lunch I walk the shore.
The tide has left a vague algae odor.
I sit and watch the sea
right by a boat that somebody paints.

The fisherman looks at me,
he thinks it over, keeps silent and
goes back to his labor.

 



Me,
who've never been in Newfoundland,
carry this sorrow.

That of who
watching the sea through the glass
looks on the horizon for
answers
to questions he's not
even able to
word.

 

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St. Anthony, Newfoundland

 

Ese modo de sentirse vivo

cuando hace frío,

cuando se camina sobre la nieve,

las manos apretadas en los bolsillos,

mirando el suelo.

El hielo cubre el puerto desde noviembre

hasta junio del año siguiente.

 

Camino junto a la pescadería cerrada hace años

y me siento en el muelle abandonado

aprovechando este poco de sol.

Durante el verano los pescadores insisten.

Vuelven de madrugada,

guiados por la pequeña luz

sobre la torre blanca.

También hay un orfanato,

pintado de blanco.

Todos sus niños, en algún momento,

miran por las ventanas

que dan al mar,

y se preguntan por sus padres.

 

John, como tantos otros de los niños,

en sus cortos recreos al sol

planea al salir de allí

comprar un pesquero,

-pequeño- dice John, como

si achicando su deseo

fuese más posible su concreción,

y en sus ojos hay un brillo

que todos sabemos qué significa…

 

Muy cerca de aquí fue que Leif Eriksson

desembarcó 500 años antes que Colón.

 

Imposible no pensar en ellos,

los padres de los niños

que miran por la ventana…

 

El frío se vuelve insoportable y

decido ir al Lightkeeper´s .

Después de almorzar camino por la costa,

la marea baja ha dejado un olor a alga muy suave,

y me siento a ver el mar

junto a un barquito al que pintan el fondo.

 

Un poco extrañado por mi presencia,

uno de los pescadores me mira,

lo piensa un momento y

sigue con su trabajo.

 

Yo,

que nunca estuve en Newfoundland.

acarreo esta pena,

la de quien mira el mar tras los vidrios

buscando en el horizonte

una respuesta para preguntas que

ni siquiera puede

formular.



 

 


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