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Caminamos por la ciudad


Santiago Sylvester

 

 

A Leonor


En un mercado compramos unas algas

y nos dijeron

su nombre quiere decir hierba del mar,

después leimos los titulares de los diarios.

caminamos por la recova

y en la Plaza de Armas

vimos cómo un hombre-orquesta

tocaba su música y bailaba,

pero no lo hacía para nosotros

sino para su hijo.


Toda la tarde

caminaste por la ciudad conmigo.

Tal vez no lo sabías

porque estabas demasiado lejos

pero tan intensamente

has recorrido la ciudad

que cuando todo sea dispersión de la memoria

todavía te encontrarán

mirando los escaparates de una librería

en la calle San Diego,

y el fotógrafo borracho de la plaza

cuando revele sus fotografias del domingo

verá que entre los naranjos

una mujer que él no conoce

le sonríe.


Santiago de Chile, 1972


 

 

La ventana

Este es el inventario si se mira

desde esta ventana del cuarto piso:

un pájaro en una jaula, una mujer que lava,

revoques, conversaciones, el olor de la pescadería.

Alguien canta por ahí

y la mañana se encarga del resto.

Por la noche llegan luces,

detalles, pedazos de una escena inestable.


Nada contradice a un orden fácilmente

perfecto: la mañana es dispersa, la noche selectiva.

Hasta podría pensarse en la armonía del mundo exterior

si no fuera por un maullido subrepticio

de difícil ubicación entre las cosas que se mueven

 


XXVII

Sin la luna, la tierra bailaría caóticamente: un buen

resumen para explicar la presión de lo adjetivo,

triunfo de lo auxiliar para que el eje

conserve la inclinación correcta, y las estaciones

se sucedan como es debido: pájaros migratorios,

la lluvia y el sol alternando

sobre plantas y animales: el ciclo

de la estabilidad a partir del diálogo, una conversación entre lo

necesario y lo superfluo en el momento de probar que no existe lo

superfluo.


Como

nada es superfluo en la mendiga de la calle Arenal

que pide a los transeúntes monedas y la hora.

Dos demandas para equilibrar lo inestable: alimento y paliativo para la

angustia: dos

reclamos para no girar caóticamente como tierra sin luna.


Un automóvil atraviesa la pampa y

en el punto mas lejano un muchacho come frente a un televisor. ¿Qué

los une o separa? ¿la respiración de lo contemporáneo: formar parte de

la nación común, distribuida en idiomas y percepciones?

Visión planetaria es lo que hay: visión

planetaria

con la que no sabemos qué hacer; y ellos allí, vinculados

por la ley de gravedad que, como una gran cordura

(órbita terrestre, masa, beneficio de la luna, volumen más distancia

mas lo que existe y ya no sé),

evita la dispersión.


La tarea entonces

consiste en acordar lo que llega tarde con el momento justo,

lo que ya ha ocurrido con

el instante en que debiera suceder,

porque la sospecha es que todo

ha ocurrido hace ya mucho, que hasta aquí solo llegan los restos de la

creciente, palos, ramitas

flotando en la superficie, hojas

más balido de animal ahogado;

que esto no es el momento, sino el sucedáneo.


¿Es

haber visto demasiadas cosas

que todo parezca copia de algo: boya

que flota cabeceando en el río? ¿copia

de lo que, ya hundido, sigue enviando señales

como boya en el río?


No solo eso,

porque de pronto ocurre el cimbronazo: y

soy un inexperto, sin restos de creciente,

sin anticipacion de lo que va a ocurrir:

tarde desconocida,

pájaros recientes,

el laurel mojado por la lluvia está naciendo;

y la cara es nueva, el pelo, la adivinacion;

la pierna, rematadamente nueva;

el paso, inédito;

mientras el eje gira en su sitio, atraviesa la vision planetaria en sus

mitades y

entre dos patios, entre dos reclamos

desborda lo previsto.

 

 

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